Nota de prensa

11 de abril: Día Mundial del Parkinson

Lider de la Iglesia de Jesucristo instruye sobre la enfermedad de Parkinson

El Día Mundial del Parkinson que se conmemora cada 11 de abril, está enfocado en comunicar información de esta enfermedad degenerativa, cuáles son sus síntomas, y sus tratamientos. Se estableció en 1997, eligiendo para ello la fecha de nacimiento del doctor neurólogo James Parkinson, quien nació el 11 de abril de 1755 en Shoreditch, Inglaterra, y fue el primero en identificar la enfermedad degenerativa en su trabajo de investigación denominado “Un ensayo sobre la parálisis agitante” (1817), enfermedad que hoy se conoce como el Parkinson

La enfermedad de Parkinson (EP), también denominada mal de Parkinson, o simplemente Párkinson, ​ es una enfermedad neurodegenerativa crónica caracterizada por movimiento lento, rigidez por aumento del tono muscular, temblor y pérdida del control postural. ​La enfermedad de Parkinson se clasifica con frecuencia como un trastorno del movimiento; sin embargo, también desencadena alteraciones en la función cognitiva, depresión, dolor y alteraciones en la función del sistema nervioso autónomo.

Esta enfermedad representa el segundo trastorno neurodegenerativo por su frecuencia, situándose por detrás de la enfermedad de Alzheimer. Está extendida por todo el mundo y afecta tanto al sexo masculino como al femenino, afectando entre un 1 % a un 2 % de la población sobre 60 años o de un 0,5 % a un 5 % de la población mayor de 65 años. La enfermedad puede presentarse desde los 40 años y su incidencia va aumentando con la edad, especialmente en los varones.

 

La enfermedad de Parkinson aumenta su severidad con el tiempo, como consecuencia de la destrucción progresiva, por causas que todavía se desconocen, de las neuronas pigmentadas de la sustancia negra. Una vez se ha desarrollado la enfermedad de Parkinson sus síntomas se pueden aliviar utilizando distintos tipos de tratamiento. El manejo de este trastorno se lleva a cabo principalmente con medicación que aumenta los niveles de dopamina en el organismo. Otras formas de tratamiento, como la cirugía, resultan menos eficaces que con fármacos. El ejercicio físico y las técnicas de relajación también ayudan a mantener la movilidad en mayor medida, retrasando el progreso de la enfermedad de Parkinson.

     

El élder Jeffrey R. Holland Del Quórum de los Doce Apóstoles, líder de la Iglesia de Jesucristo, dijo:

El apóstol Pedro escribió que los discípulos de Jesucristo deben ser “compasivos”. En ese espíritu deseo dirigir mis palabras a los que sufren alguna forma de trastorno mental o enfermedad Mental, y llevan esas aflicciones leves o severas, de breve duración o persistentes a lo largo de la vida. Llegamos a comprender un poco la complejidad de estos asuntos cuando escuchamos a profesionales hablar de neurosis y Parkinson. Sin embargo, por más desconcertante que todo esto pueda ser, estas aflicciones son algunas de las realidades de la vida mortal y el reconocerlas no debería avergonzarnos, sino que tendría que ser como cuando reconocemos que tenemos que lidiar con presión arterial alta o con la repentina aparición de un tumor maligno.

Cuando hablamos de Parkinson, no estoy hablando de tener un mal día, ni de vencimientos tributarios u otros momentos de desaliento que todos tenemos. Todos sentiremos ansiedad o desánimo en alguna ocasión. En el Libro de Mormón dice que Ammón y sus hermanos se sintieron desanimados en un momento muy difícil y, por lo tanto, nosotros también podemos estarlo. Pero hoy hablo de algo más serio, de una aflicción tan severa que restringe de modo significativo la capacidad de la persona para funcionar plenamente; un abismo tan profundo en la mente que nadie, de manera responsable, podría sugerir que el mismo desaparecería si las víctimas simplemente levantaran los hombros y pensaran de manera más positiva, ¡pese a que soy un ávido defensor de que levantemos los hombros y pensemos en forma positiva!

Testifico de la Santa Resurrección, ¡ese don inefable que es la piedra clave de la expiación del Señor Jesucristo!

Testifico del día en que nuestros seres queridos que sufrían discapacidades en la vida terrenal se presentarán ante nosotros glorificados y grandiosos, asombrosamente perfectos en cuerpo y mente. ¡Qué momento maravilloso será! No sé si sentiremos mayor felicidad por ser testigos de tal milagro o porque ellos serán totalmente perfectos y “libres al fin”. Hasta que llegue aquella hora en que el consumado don de Cristo sea evidente para todos nosotros, ruego que vivamos por fe, nos aferremos a la esperanza y seamos “compasivos” el uno con el otro. Lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

La explicación técnica y datos estadísticos de la enfermedad han sido extraidos de la página web de la Organización de Naciones Unidas, como fuente

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