Mormon Newsroom
Comentario

Diferencia y dignidad

“Las personas y comunidades necesitan espacios para probar diferentes tipos de experiencias religiosas.” Alan Meese y Nathan Oman

“Las personas y comunidades necesitan espacios para probar diferentes tipos de experiencias religiosas.” Alan Meese y Nathan Oman

¿No sería más fácil la vida si todos fueran iguales? Piense en los conflictos que podríamos evitar si todos quisiéramos lo mismo, votáramos de la misma manera y fuéramos a la misma iglesia. De todos modos, el problema es que un mundo así no existe.

La tentación de formar a todos “con un único molde,” dijo Dieter F. Uchtdorf, segundo consejero en la primera presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, “estaría en contradicción con la genialidad de Dios, que creó a todo hombre diferente”.

Las sociedades están llenas de grupos de interés, partidos políticos, grupos culturales y organizaciones religiosas que tienen su propia visión del bien. Cuando todos tenemos nuestra propia opinión, las comunidades son mejores, siempre y cuando no hagan daño u obliguen a nadie. Nuestras diferencias pueden enriquecer nuestra existencia común.  

Robbie Jonathan Sacks comparó nuestra realidad social con el funcionamiento de la naturaleza; “Así como el ambiente natural depende de la biodiversidad, también el humano depende de la diversidad cultural, porque ninguna civilización abarca todas las expresiones espirituales, éticas y artísticas del hombre”. El equilibrio entre muchos, no el dominio de uno, ofrece una mayor oportunidad de estabilidad.

Dado que ningún grupo en particular tiene un monopolio lo cual es sabio, bello y justo, todos pueden aprender de los demás. Nuestras experiencias tienen brechas que deben ser cerradas, y nuestras perspectivas tienen puntos ciegos que necesitan ser iluminados. Encontramos significado en las conexiones humanas cuando nos salimos de nosotros mismos y encontramos la dignidad de los demás, aunque no estemos de acuerdo. Y nadie debería renunciar a su identidad.

Este compromiso entre las diferencias se llama pluralismo, una sociedad organizada conforme leyes comunes pero sin un sistema de creencias único que ejerza la influencia total. No solo una, ni dos, sino muchas perspectivas y tradiciones pueden coexistir dentro de un marco moral compartido. Tal ideal solo funciona cuando las personas desarrollan hábitos y costumbres de civismo entendiendo las concepciones del mundo únicas de sus vecinos. En una época rebosante de filosofías, ideologías y las pretensiones de la verdad, la paz y el orden depende de ello.

La pluralidad es una parte normal de la sociedad, pero el problema llega cuando el más fuerte demanda conformidad de los demás. Más presión hacia el consenso; es el camino para disminuir lo que la diferencia construye y en el nombre de la unidad, las voces más grandes dominan a las más pequeñas. Esta tendencia normalmente resulta contraproducente. La unidad se convierte en represión, y se desarrolla un ciclo de tensión. El trabajo de una sociedad pluralista es minimizar esta lucha.

El politólogo Samuel Huntington dijo que de todos los elementos que definen a las civilizaciones, “el más importante es la religión”, por ello no es una sorpresa que las diferencias religiosas estén en la raíz de muchos conflictos en el mundo, pero la solución es dejar que las diferencias florezcan y no sean apaciguadas. Estudios han comprobado que la protección de variadas experiencias religiosas se relaciona directamente con mayores libertades políticas y civiles, mayores libertades de prensa y económicas, menos conflictos armados, mejor calidad en la salud, mayores niveles de ingresos, mejor educación para las mujeres y mayor desarrollo humano en general. En pocas palabras, el pluralismo religioso mejora el ambiente para vivir la vida.

Nuestros desacuerdos, dijo un analista; no deberían tener que ser “enfrentados unos contra otros en una batalla a muerte”. La diversidad hace la vida más difícil, eso es seguro, pero hace que valga la pena vivir. Los miedos a las diferencias a menudo nos amenazan más incluso que las diferencias reales.

Una y otra vez la Biblia dirige nuestra mirada hacia aquellos que son diferentes. “No os olvidéis de la hospitalidad” dice, “porque por ésta algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. Igualmente, nuestras diferencias pueden ser una bendición disfrazada, porque la dignidad humana no siempre es lo que parece a primera vista.

Nota sobre la Guía de Estilo:Al publicar noticias o reportajes sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenga a bien utilizar el nombre completo de la Iglesia la primera vez que la mencione. Para más información sobre el uso del nombre de la Iglesia, visite nuestraGuía de estilo.