Comunicado de Prensa

Misioneros mormones llegan por primera vez a los 75,000

Desde el anuncio, en octubre de 2012, de que los jóvenes pueden comenzar el servicio misional mormón a la edad de 18 años y las jovencitas a los 19, las filas de los misioneros mormones se han engrosado significativamente. Antes del anuncio, se encontraban prestando servicio 58.500 misioneros; desde esta semana, ese número ha llegado a los 75.000.

El siguiente artículo y sus videos relacionados en cuanto a la vida de los misioneros mormones ilustran lo que hacen estos misioneros y por qué lo hacen.

La vida de un misionero mormón: enseñar sobre Cristo a los demás

 

Una vez que terminaron las lluvias del huracán Sandy a finales de octubre de 2012, el élder Jordan Walton, misionero de la Misión Nueva York Nueva York Sur de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, recuerda que se encontraba en el vehículo con su compañero, el élder Josh Munday. Se dirigían a las zonas afectadas, como Broadchannel y Rockaway, para ver la increíble devastación.

“Recuerdo mientras caminábamos por esas calles [que vimos] la mirada de estas personas que no sabían qué hacer”, afirma el élder Walton. “Comenzamos a ayudarles. Empezamos a retirar las tablas del piso, los paneles de yeso, los sofás estropeados, todas las cosas que ya no les servirían”.

Durante las siguientes seis semanas, la Misión Nueva York Nueva York Sur participó en la coordinación de 120.000 horas de servicio por parte de más de 11.000 voluntarios. Aunque no todos los misioneros mormones en el mundo intervienen en un servicio a la comunidad de tal envergadura, este ejemplo refleja el propósito principal común de los 75.000 misioneros de la Iglesia en sus 405 misiones: invitar a los demás a venir a Cristo mediante la palabra y los hechos.

Siguiendo el modelo que Jesucristo estableció en el Nuevo Testamento, se envían misioneros mormones de dos en dos (véase Marcos 6:7) para enseñar el Evangelio mediante lecciones y servicio a los demás entre 18 y 24 meses. Los jóvenes pueden comenzar su servicio a los 18 años y las jovencitas a los 19; cada uno de ellos financia su propio servicio misional (con un costo aproximado entre $ 10.000 a 12.000 USD), a veces con la ayuda de su familia y amigos. Como lo enseñó Cristo, estos misioneros hallan un mayor propósito en su vida a medida que se centran en las necesidades de los demás, un proceso del cual Kevin Calderwood, presidente de la Misión Nueva York Nueva York Sur afirma que “les aporta un profundo cambio de corazón”.

Un día normal

Los misioneros se levantan todos los días a las 6:30 de la mañana. Pasan todo el día y todos los días con un compañero asignado (los compañeros cambian aproximadamente cada dos meses). Juntos dedican varias horas cada mañana a estudiar las enseñanzas de Jesucristo y hablar de las citas de enseñanza que tienen previstas para ese día. “Pensamos de verdad en cada una de las personas a las que vamos a ver ese día y cómo podemos ayudarlas a acercarse más al Salvador”, dice el élder Walton.

En la rutina matinal también hay tiempo para practicar el idioma, en el caso de los misioneros asignados a hablar un idioma extranjero. En la Misión Nueva York Nueva York Sur, la hermana Kimberly Bradfield y su compañera, la hermana Shianne Allen, enseñan a personas en español. Al igual que muchos misioneros que están aprendiendo un idioma extranjero, no sabían español antes de su misión, por lo cual pasan por una especie de bautismo de fuego en el aprendizaje del idioma.

“Ni la una ni la otra sabía español antes de la misión, así que durante nueve semanas lo estudiamos [en un centro de capacitación misional]”, dice la hermana Bradfield.

Tras la rutina de la mañana, los misioneros se reúnen con personas en diferentes entornos hasta las nueve de la noche, con una breve pausa para las comidas. Según dónde se encuentren, pueden viajar a pie, en bicicleta, en un vehículo, en autobús o por otros medios. Conversan con personas por la calle y en su casa sobre las creencias mormonas básicas y contestan preguntas. Además, dado que muchas personas prefieren conectarse por internet, los misioneros también utilizan este medio así como dispositivos digitales en su ministerio.

Los misioneros visitan a personas de otras religiones y miembros de su misma Iglesia que necesitan un mensaje edificante. La hermana Bradfield comenta que los misioneros no imponen sus creencias a los demás; más bien, “los invitamos a venir a Cristo, no para cambiar la fe que tienen, sino para fortalecerla”. El élder Munday añade: “[Estamos] aquí para fortalecer a las personas y brindarles un poco de esperanza. Nuestro mensaje esencial al mundo es que mediante el salvador Jesucristo podemos superar las pruebas”.

Los misioneros prestan servicio comunitario, por ejemplo en tareas de limpieza tras catástrofes (como la labor mencionada antes tras el huracán Sandy), enseñar inglés y visitar a ancianos. “Ayudamos a cualquier persona y a todos”, dice la hermana Allen. Después del huracán Sandy, los misioneros mormones se esforzaron por ayudar no solamente a los miembros de su Iglesia, sino también, explica la hermana Allen, “ayudar a sus vecinos y a cualquier persona que viviera dentro de su área”. La cantidad conjunta de horas de servicio anual prestado por estos 75.000 jóvenes llegará a millones.

Los misioneros también utilizan algunas horas un día a la semana para tareas personales, como lavar la ropa, limpiar, hacer las compras y escribir a su familia por correo electrónico.

Se encuentran a sí mismos al prestar servicio a los demás

 

El élder Munday indica que el comienzo de su misión fue, quizá, el período más difícil de su vida. Se encontraba lejos de su casa en Inglaterra y sentía nostalgia. El momento decisivo se produjo cuando comenzó a mirar más allá de sí mismo. “Fue entonces cuando pude sentirme cómodo aquí, cuando dejé de preocuparme por mí mismo y comencé a interesarme por los demás”, afirma. “Me ayudó a crecer mucho”.

El centrarse más en los demás no es fácil para nadie, especialmente para los adolescentes y adultos jóvenes. “Suele ser un periodo de nuestra vida en el que estamos bastante ensimismados”, dice el presidente Calderwood. “Estos misioneros dejan de lado todo eso”.

Esto trae como resultado misioneros que llegan a preocuparse más de lo que le sucede a sus semejantes que de sí mismos. Este tipo de servicio establece un “buen cimiento para su vida, para que lleguen a ser buenos cónyuges, padres y madres, y que hagan una aportación muy buena a su comunidad”, afirma el presidente Calderwood.

“Es sin duda una de las cosas más gratificantes que se pueden hacer”, comenta la hermana Bradfield del servicio misional. “La verdadera felicidad radica ciertamente en ayudar a las personas que te rodean”.

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